
Al abrir hoy El Cultural me he encontrado con una mirada directa, cargada de sensibilidad, profundidad y fuerza. Eran los ojos de Julio Medem, que mirandome fijamente reconocían salir de un "estado depresivo y peligroso" y presentaban la que será su próxima película, Caótica Ana, que verá la luz el 24 de agosto.
He de reconocer mi absoluta devoción hacia el que considero uno de los mejores directores del cine español, cuyas películas me han enseñado a mirar más allá de lo que tengo delante y, a su vez, me han demostrado que la belleza de la vida puede estar a la vuelta de la esquina.
Su cine es poesía hecha imágenes. Aún recuerdo, y creo que recordaré siempre, la historia de amor que relata en Los amantes del Círculo Polar. Única, inmejorable, perfecta... Otto en los ojos de Ana y Ana en los ojos de Otto. Una historia con un principio y un final que se acarician, que se miran al espejo y reciben la imagen que tienen en frente. Una historia circular, que empieza como acaba, al igual que sus nombres: Otto, Ana... y, como no, Medem.
Y es que Medem no puede evitar meter parte de su ser más interno en sus películas. Introducir sus propios sentimientos. Su corazón late en cada plano y una parte muy importante de su persona está expuesta en las pantallas de cine. El mayor ejemplo, Caótica Ana, en la que el personaje principal está basado en su propia hermana: Ana, fallecida cuando el director ultimaba el montaje de Lucía y el sexo.
Desde entonces han pasado seis largos años y cuatro desde La Pelota Vasca, la piel contra la piedra, un magnífico documental cargado de belleza que muchos no supieron entender.
No sé si Caótica Ana me defraudará, pero Medem tiene toda mi confianza porque hasta la fecha todas su películas han logrado parar mi tiempo y porque ya estoy contando los días para disfrutar de nuevo de esa espiritualidad que tiene su arte; una espiritualidad sin Dios, basada "en otras cosas", como el mismo dice.
Puede que el 24 de agosto haya una nueva entrada en este blog hablando de Medem, o puede que no por falta de tiempo, pero seguro que él se la merecería.
No se me ocurre mejor modo de acabar estas palabras que citando una frase de uno de sus guiones y que refleja a la perfección lo que yo sentí al descubrir a Medem, momento a partir del cual, mi vida paso a ser mucho más rica:
"Sentí que algo conocido se había metido dentro de lo desconocido, había llegado al fin de algún sitio. Tuve un pálpito; fue el primero de muchos".
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