jueves, 5 de julio de 2007

Un mañana impredecible


(") Lo real siempre va más allá de lo que podamos imaginar.
Nuestras vidas realmente no nos pertenecen; pertenecen al mundo y, a pesar
de nuestros esfuerzos por darle un sentido a éste, el mundo es un lugar que va
más allá de nuestro entendimiento (")
(Paul Auster)


Cada día es una sucesión de horas inesperadas, de segundos desconocidos, de sorpresas por vivir... De nada vale querer controlar el tiempo pues con cada 'tic tac' del reloj algo cambia a nuestro alrededor y nosotros dejamos de ser los mismos.


¿Para qué creer en un destino inalterable si tenemos la posibilidad de crear cada acontecimiento de nuestra vida? Lo desconocido alberga una fantástico mundo donde todo es posible y de lo que siempre puede aprenderse.


Una vez se asume que el mañana queda fuera de nuestro alcance, es cuando puede mirarse el ayer sin nostalgia y disfrutar del hoy.


El acontecimiento más insignificante puede volver una vida del revés. Es posible que suene a falta de control sobre nuestro futuro, pero por qué no pensar mejor: "Mañana puede ser el mejor día de mi vida". Abre los ojos ante lo inesperado.


Por todo lo dicho y lo que no se ha dicho, es por lo que una frase de Paul Auster da introducción a este texto, porque nadie como él sabe narrar las sorpresas del día a día.


En sus novelas, los personajes se adentran en historias que se entrelazan con otras historias hasta crear un mundo paralelo lleno de sorpresas. Línea tras línea, y palabra tras palabra, Auster demuestra que nadie como él sabe mostrar lo fabuloso que puede ser lo desconocido y la falta de control sobre nuestros actos.


Por tus libros -especialmente 'El libro de las ilusiones' (insuperable)-, tus relatos, tus personajes, tus reflexiones... y sobre todo, por enseñarme a ver el mundo de otro manera.


Simplemente gracias.

¡Acción!

(") Cogió un cuchillo de plata y se puso a trazar una espiral sobre la blancura pulida de la tarta. De repente, se detuvo y miró su obra con sorpresa.
-Voy a probar una cosa -dijo.
Tomó una hoja de acebo del ramo de la mesa y, con una mano, asió la tarta. Haciéndola girar rápidamente sobre la punta del dedo, colocó, con la otra mano, una de las puntas del acebo en la espiral.
-¡Escucha!
Era la canción Chloé. (")
(Fragmento de La Espuma de los días, de Boris Vian)


De pequeños aprendemos a comer, a andar, a observar, a escuchar, a reír, a hablar, a leer, a pensar... Además, nos enseñan cómo debemos comer, cómo caminar, qué podemos mirar y qué no, a quién escuchar, por qué reír, con quién no hablar, cómo leer y qué pensar. El entorno en el que crecemos y nos realizamos, una cultura, nos enriquece, nos acomoda y nos protege. Pero también, a la larga, nos empobrece, nos agota y nos coarta.

Porque tenemos inteligencia para algo más que para dominar al resto de las especies, o ser dominados; porque llega el momento de tener ideas propias, porque el verdadero camino se encuentra en uno mismo: seamos creativos, irracionales, irreverentes, transgresores, absurdos... Abramos la jaula de la imaginación; para fijarnos en los detalles que nadie observa, dándole una vuelta, o dos, a nuestra percepción del mundo, con nuevas ópticas y diferentes perspectivas, remarcando trazos difusos, variando las partituras de siempre, o creándolas nuevas; sin cerrar las puertas a nada, equilibristas sin red.